España © Susana Aliano Casales

Historias que no tienen solución


Hace unos días, cuando anduve por Tacuarembó, una persona que leyó mi libro Regreso a casa me dijo que le había chocado y que no se lo leería a sus hijos. “Susana, ¡la historia no tiene solución!”, me comentó, acto seguido. Le pregunté por qué le parece que no tiene solución. “Porque la niña siempre debe volver a esa casa donde sigue estando su padre golpeador”, me respondió. Y en esto tiene toda la razón, porque esa niña era yo y por supuesto que no tenía solución para todo aquello que me tocó vivir. Lo cierto es que la vida de muchos niños no tiene solución, porque una y otra vez deben volver a su casa, donde se supone que deberían estar seguros y protegidos, para vivir situaciones muy crueles. Los derechos de muchos niños de Uruguay y del mundo son violados sistemáticamente por sus padres. Acabo de leer en el diario que en Tacuarembó surgió otro caso de explotación sexual infantil. Dos niñas que eran explotadas con el consentimiento de su propia madre. La vida de estas niñas tampoco tiene una solución. Las situaciones de abuso, maltrato y explotación que se viven en la niñez no sé si realmente tienen una solución alguna vez, porque dejan en las personas una marca indeleble, pero sí estoy segura de una cosa: es imposible avanzar si lo que hacemos es ocultar realidades como estas, con las que, por cierto, como sociedad, todos deberíamos estar comprometidos, incluso las personas que encuentran chocante un libro que trata sobre la violencia intrafamiliar.

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