España © Susana Aliano Casales

El lugar cristalino donde olvido


Caminé hasta el borde celeste y me tiré, siguiendo el impulso con el que venía. Sentí un placer indescriptible en el momento en que mi cuerpo tomó contacto con el agua, más fresca que de costumbre. El agua barre todo al final del día. Es como si se tratara de un baño de purificación. La piscina es el lugar cristalino donde olvido. Comienzo a nadar. Con cada brazada, sumergida totalmente, me digo: “puedo”. "Puedo, puedo, puedo", y saco la cabeza para respirar. "Puedo, puedo, puedo", y vuelvo a sacarla. En ese mundo que siento propio, a pesar de que comparto con otras personas, suele sucederme que aparecen palabras claves; palabras inconscientes que quiero creer que por alguna razón visitan mi mente. Sigo nadando. "Puedo, puedo, puedo", repito. Mis brazos se coordinan con las palabras en un ritmo que me envuelve. Brazada, palabra. Brazada, respiro. Un vaivén interminable, un trance. Ya no hay nada a mi alrededor. Me convierto en algo que no sé describir. Una unidad, quizás. Una unidad que vibra al ritmo de una música interior. Una música vital. Puedo, puedo, puedo.