Regalar caricias


Me resultan preciosas las distintas acepciones del verbo regalar: dar a alguien, sin recibir nada a cambio, algo en muestra de afecto o consideración; halagar, acariciar o hacer expresiones de afecto y benevolencia; recrear; tratarse bien… ¡Tratarse bien!

Regalar es un acto significativo y muy simbólico, también.

En la demostración que hay detrás del regalo está lo más importante de la acción: el cariño hacia el otro, el halago, la caricia.

Por eso, no se trata de una acción trivial que haya que tomarse a la ligera.

Tampoco pasa por gastar dinero u ofrecer objetos pomposos, porque no hay una relación entre el gasto y el cariño. Jamás la habrá. El verdadero sentido de los regalos está, por el contrario, en los objetos hechos con amor y cuidado, basados en ideas y valores propios, que, a veces, ni siquiera necesitamos comprar. Sin olvidar, por supuesto, que el tiempo es uno de los mejores regalos que tenemos para hacerle a alguien que amamos.

En esta época, en que los regalos están en el primer punto del orden del día, es interesante reflexionar al respecto y esa es mi invitación de hoy, sobre todo pensando en los niños y los ancianos, que necesitan tanto de tiempo, atención y caricias.

¡Tratémonos bien!

Ilustración de Mauricio Marra Arnábal.

#Notas

España © Susana Aliano Casales