El juego perverso de los estereotipos


Y digo «juego», sí, porque eso me parece: una especie de pulseada extrema en la que el brazo se inclina hacia un lado o hacia otro, según el vocero del que se trate.

Izquierda, derecha; feministas, machistas; blancos, negros; ricos, pobres; católicos, musulmanes… la pulseada se mueve en una oscilación siniestra, en general, teñida de ignorancia.

Eres una cosa o eres otra. Una y otra vez. Una y otra vez.

En eso se ha convertido el mundo que me toca vivir y es la parte más turbia de mi presente. Turbia por lo oscura, pero turbia también por lo confusa, porque nunca antes me había sentido tan confundida, tan lejos, por momentos, del resto. Ese resto que simula ser un bloque compacto y homogéneo, que parece mayoría. Ese resto al que no quiero pertenecer.

Eres una cosa o eres otra. Una y otra vez. Una y otra vez.

En ese mundo busco mi lugar y lo encuentro, a veces, lejos de quienes creí que eran mis pares.

Es que quiero alejarme de esa fractura con la que ellos ven la realidad, porque yo no puedo visualizarla así, quebrada, partida en dos.

Yo, que nací de la fractura, como mucha gente, he luchado durante toda mi vida por un mundo integrado, en equilibrio, en el que se respeten las diferencias, incluso se las valore como parte de la diversidad; donde todos tengamos cabida, sin importar el color de nuestra piel o la ideología o religión que profesemos.

Quizá por eso niego la lucha contra los estereotipos si esta se basa en eliminar los anteriores y suplirlos por unos estereotipos nuevos, que algunos grupos creen más convenientes.

Si la transformación no se sustenta en la igualdad, en ese nuevo paradigma los estereotipos anteriores dejarán de existir, sí, pero vendrán otros nuevos que seguirán dividiendo, fracturando.

Entonces, habrá perdido la tolerancia, habrá perdido la equidad, y serás una cosa o serás otra, una vez más.

#Notas

España © Susana Aliano Casales