Generación del 45


Cuando se hace referencia a un nombre de este tipo para enmarcar la existencia de un grupo de personas que comparten ciertas características, me veo tentada a imaginar que se trataba de un buen grupo de amigos.


Pero en la literatura, como en la vida misma, los amigos que se tienen son realmente muy pocos. Por eso, a continuación, esa idea se desvanece y deja frente a mí la transparente realidad.


Algunos de los integrantes de esta generación apenas tuvieron vínculos entre sí, mientras que otros llegaron al matrimonio.


Más allá de si hubo o no lazos entre ellos, se trató de escritores que tuvieron cosas en común, eso no hay duda. Por circunstancias meramente coyunturales, quizá, como tener entre 1945 y 1950 edad productiva para publicar, pero condiciones comunes al fin.


En ese marco, uno de los rasgos más destacables es que fueron escritores que, con sus obras, movilizaron de manera contundente la narrativa y la poesía en Uruguay, e incidieron así no solo en la cultura como fenómeno del que todos los ciudadanos somos parte, sino también en las generaciones de escritores que los sucedieron.


Por otro lado, las obras de los escritores de la Generación del 45 fueron determinantes también en lo social e incluso en lo político.


Corrían tiempos en los que emergían con fuerza en Uruguay revistas y publicaciones (Marcha, Escritura, Apex, Clinamen, Número) que les permitieron la difusión de sus obras, además de la expresión del pensamiento y las ideas. Tal vez por esto se la conoció también como Generación Crítica.


Quienes prefirieron el apelativo Generación del 45, originalmente, se centraron en un concepto más bien cronológico y en los sucesos mundiales que estaban ocurriendo en aquel momento, como el fin de la segunda guerra mundial, que marcaba un hito en la vida de todos los creadores del mundo.


Quienes prefirieron llamarla Generación Crítica pusieron el énfasis en el análisis de la realidad que les tocó vivir, para generar, a partir de allí y libres de dogmatismos, una nueva visión, como consecuencia directa de la conciencia crítica.


Entre estos últimos estuvo Ángel Rama, quien escribió, en Uruguay hoy, «La Generación Crítica»:

(…) prefiero utilizar la designación Generación Crítica. Supera otras fórmulas barajadas, como Generación de 1939 o Generación de Marcha, ya que atiende al signo dominante de la cultura de esa época. Este no debe entenderse como alusión excluyente a los ejercitantes de la crítica en sus múltiples géneros, quienes sin embargo llegaron a protagonizar el hecho cultural, sino a una conciencia generalizada que sirve de punto focal a todos los hombres que construyen un tiempo nuevo, sean políticos, sociólogos, poetas, pintores, directores teatrales, narradores, economistas o educadores. (…) Dentro de la variada gama de funciones intelectuales de una generación, son las representadas por los escritores las que mejor detectan el proceso, revelándonos sus coyunturas secretas y sus sucesivas transformaciones. Por eso el período lo seguiremos centralmente a través de la obra de los escritores, corroborándolo o ampliándolo con la de otros intelectuales (…)

Por otra parte, Ida Vitale expresó recientemente su opinión sobre este grupo de escritores:


Es como abrir un libro por el índice, con eso no se entera uno de mucho. Cada uno era distinto, cada uno tenía su personalidad o la ausencia de ella, hubo de todo. (…) Claro que estábamos todos cerca de Onetti, lo admirábamos y era una eminencia, pero a él lo rejuvenecía y a nosotros nos envejecía. Y omitían a Felisberto, que es la otra figura que contrapesa. Para mí es un tema a resolver. ¿Felisberto u Onetti? Eran totalmente opuestos y distintos. Es una prueba de que, en general, las virtudes de un grupo están en que todos sean distintos, y no todos iguales.

Parece estar en lo cierto. Al final, las características comunes que comparten los grupos solo sirven para forjar una etiqueta, a modo de clasificación, y, dentro de ellos, la diversidad, si existe, es la virtud.


Es extensa la lista de escritores relacionados con esta generación.


Ángel Rama hizo el siguiente inventario:

Por el bienio 1938-1940 encontramos manifestándose en libros o escritos de revistas a un conjunto heteróclito de figuras donde están los que Real de Azúa ha llamado los «jefes de fila y supervivientes» pero también los muy jóvenes que se empinan velozmente a la letra escrita. Son ellos: Liber Falco (1906); Selva Márquez, Juan Carlos Onetti (1909); Dionisio Trillo Pays (1910); Arturo Ardao (1912); Alfredo Dante Gravina (1913); Lauro Ayestarán (1913); Beltrán Martínez (1915); Carlos Real de Azúa, Carlos Denis Molina, Fernando García Esteban (1916); Carlos Martínez Moreno (1917); Hugo R. Alfaro (1917); José Pedro Díaz (1921); Guido Castillo, Orfila Bardesio, Amanda Berenguer, Homero Alsina Thevenet, Vivian Trías, María de Montserrat, todos de 1922. (…) En ingresos sucesivos aparecerán los escritores que forman el grueso de la primera promoción de la generación crítica y cuyas fechas de nacimiento se encabalgan sobre el año 1920 (año que puede estimarse clave porque en él nacen dos escritores de extenso magisterio: Mario Benedetti e Idea Vilariño), extendiéndose a lo largo de un decenio, de 1915 a 1925, con las habituales excepciones de los reservistas y de los precoces. La plana mayor, ordenada por años de nacimiento, la constituyen: Clara Silva (1905), Roberto Fabregat Cuneo (1906), Eliseo Salvador Porta (1912); Alejandro Peñasco, Armonía Somers, Washington Lockhart (1914); Arturo Sergio Visca, Mario Arregui (1917); Luis Castelli, Asdrúbal Salsamendi (1918); Mario Benedetti, Idea Vilariño, Ariel Badano, Daniel Vidart, Julio C. Da Rosa, Manuel Claps, Ariel Méndez, Juan José Lacoste (1920); Roberto Ares Pons, Carlos Rama, Antonio Larreta, Emir Rodríguez Monegal (1921); Carlos Maggi (1922); Sarandy Cabrera, Carlos Brandy (1923); Ida Vitale (1924); Humberto Megget, Ricardo Paseyro, Carlos María Gutiérrez, María Inés Silva Vita (1926); Silvia Herrera, José E. Etcheverry, Jacobo Langsner (1927); Saúl Pérez (1929). Ya estos últimos merodean las fechas de la segunda promoción cuyo epicentro de nacimientos estará en 1930 recogiendo nombres que se escalonan en un decenio largo. Esta segunda promoción que he llamado de la crisis porque comienza a actuar sobre la cultura nacional a partir de la quiebra económica de 1955 y recibirá por tanto una dura herencia y encontrará una más pesada realidad, irrumpe en la habitual forma arbitraria de las generaciones de tal modo que entre los primeros que aparecen se encuentra Alberto Paganini (1932) o Mario Trajtenberg (1936) en tanto que sólo bien posteriormente comienzan a publicar otros como Walter Ortiz y Ayala (1929).

A quienes estén interesados en seguir leyendo los nombres de esta segunda promoción citada por Rama o quieran profundizar sobre el tema, les recomiendo la lectura de su artículo: «La Generación Crítica».


Más allá de que creamos que las generaciones son creadas por sus propios actores, en este caso, los escritores, o que creamos que son producto de quienes consumen sus obras, en este caso, los lectores, lo indiscutible es que se trató de un grupo que brilló con luz propia y que dejó la huella de un camino que fue tomado por autores que vinieron detrás y, lo mejor, ese camino aún no se ha agotado.



Fotografía: La Generación del 45 en ocasión de la visita a Uruguay de Juan Ramón Jiménez. De izquerda a derecha, parados: Maria Zulema Silva Vila, Manuel Claps, Carlos Maggi, María Inés Silva Vila, Juan Ramón Jiménez, Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama. Sentados: José Pedro Díaz, Amanda Berenguer, [mujer no identificada], Ida Vitale, Elda Lago, Manuel Flores Mora. Fuente: Wikipedia.


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España © Susana Aliano Casales